¿De qué se compone el marketing?
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Qué debes saber sobre el marketing

05 Dic Qué debes saber sobre el marketing

 

 

Seguro que en las redes sociales, en distintos sitios y portales de internet, o incluso en programas de televisión o radio habéis tenido noticia sobre las bondades del marketing: que si te ayuda a vender más, que si te ayuda a tener la vida que deseas, que si te ayuda a montar tu propia empresa y vivir de tu talento, etc. ¿Qué hay de verdad en todo esto? ¿Es marketing todo lo que nos venden?

 

¿QUÉ ES EL MARKETING?

Hoy en día parece que todo es marketing: marketing digital, marketing de contenidos, marketing emocional, marketing enfocado a un sector en concreto, email marketing, etc. Aunque lo encontramos con distintos nombres, siempre consiste básicamente en dos cosas:

  1. Saber escuchar al cliente (deseado);
  2. Saber establecer la estrategia más eficaz para comunicarse con ese cliente de manera rentable para tu empresa.

De hecho, marketing es el término inglés de la palabra mercadotecnia, la cual es definida por la Real Academia Española como “conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente de la demanda”. Lo que persigue el marketing, en definitiva, es aumentar la demanda del servicio o producto que ofrecen las empresas.

 

¿De qué se compone el marketing? 

Teniendo en cuenta que es el conjunto de técnicas que buscan influir en las tendencias de un mercado, es obvio que el marketing implica saber de psicología social, implica saber de comunicación social, implica saber de organización del trabajo, implica tener ciertas nociones de economía, incluso debemos conocer las limitaciones legales que ponen barreras a las prácticas publicitarias, etc.

 

¿Puede el marketing enfocarse a un producto o herramienta en concreto?

Por ejemplo, ¿qué significa “email marketing”? Cuando adjuntamos un complemento a la palabra marketing, lo que estamos diciendo es que vamos a usar los principios generales del marketing y los vamos a aplicar a un ámbito en concreto. Este ámbito puede ser una herramienta, un conjunto de tácticas o una actividad económica concreta. Para que nuestros oyentes tengan una idea más clara de esto, podemos decir que alguien que domina el marketing digital es conocedor de las distintas herramientas y estrategias que nos brinda el entorno digital (¡que no son pocas!) y que las pone en funcionamiento para conseguir sus objetivos. En cambio, un experto en email marketing está hiper-especializado en la herramienta del email como medio de comunicación principal de una relación comercial que se establece a largo plazo con el potencial o actual cliente – si bien necesitará hacer uso de otras herramientas de fundamental importancia, como es el caso de un blog para generar contenidos periódicos con los que “alimentar” a su comunidad.

Cada enfoque es diferente pero en todos ellos se aplican los mismos principios de  la comunicación estratégica.

 

¿PODRÁS CONSEGUIR TODOS TUS SUEÑOS GRACIAS AL MARKETING?

Lo primero que debemos tener claro es que no existen fórmulas mágicas. Suena tentador cuando te dan recetas como “las 5 técnicas infalibles para conseguir más clientes”, pero me temo que no se trata de una ciencia exacta. Cada empresa es un mundo y cada tipo de cliente tiene unas necesidades y unos anhelos diferentes.

Lo importante en el juego de comercializar un producto o servicio, es conocer las reglas que lo rigen. Ya sabemos que hay unos principios básicos estructurados por la mercadotecnia que nos ayudan a entender cómo funciona el proceso de venta. Depende de nosotros hacer un uso adecuado de todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición. Pero la abundancia, en este caso, no siempre es una virtud.

¿Por dónde empiezo si no sé qué quiero conseguir? ¿Qué debo hacer para lograr mis objetivos? ¿Qué herramientas uso para llegar a mi cliente ideal? ¿Debo estar en todos lados? ¿Y qué pasa si yo no sé hacer nada de lo que se supone que debo hacer para tener “la vida de mis sueños”? Ante semejante panorama, es normal y razonable que cualquiera se agobie y se quede congelado ante la montaña de posibilidades que se levanta frente él. A los propios profesionales de la comunicación, el marketing y la publicidad nos pasa que nos agobiamos cuando vemos todo lo que debemos dominar para hacer un trabajo medio aceptable. Entramos en una carrera sin fin por estar al día de todas las novedades en los distintos canales y herramientas de comunicación. Y no sirve de nada porque cada día surgen más opciones de las que podemos asimilar.

En este momento, voy a hacer un pequeño paréntesis para hablar de un concepto muy importante: la propuesta de valor. La propuesta de valor es aquello que articulamos teniendo en cuenta las expectativas del cliente al que nos dirigimos pero que alimentamos con sus deseos o anhelos latentes. Si decimos “esta herramienta te ayudará a gestionar tu correo electrónico de manera más eficiente” estamos enfocando el mensaje hacia una expectativa de un cliente que ya busca gestionar su correo de manera eficiente. Pero si decimos “organiza tu correo fácil y cómodamente con esta herramienta y emplea tu tiempo en lo que verdaderamente importa”, suena muy diferente, ¿verdad?. ¿Quién quiere complicarse la vida y perder horas de su tiempo organizando su correo? Esta herramienta no sólo te permite organizar tu correo (expectativas) sino que destaca el mayor beneficio de todos, algo que está muy dentro de nosotros: el deseo de recuperar parte de nuestro tiempo y liberarnos para poder hacer otra cosa que nos guste más que organizar el correo.

Esto ha sido un ejemplo de cómo el lenguaje puede tocar teclas muy poderosas en nosotros. “Pero todo poder conlleva una gran responsabilidad”, que diría el tío de Peter Parker.

 

Debemos ser conscientes de que podemos desear muchas cosas, pero que en realidad necesitamos muy pocas. Clic para tuitear

 

¿Por qué digo esto? Conozco a empresarios que, por ejemplo, se animan a hacerse una tienda online pensando en que así sus productos se venderán prácticamente solos. Cuando detecto esa intención y me piden consejo, me muestro muy conservadora. Intento explicarles que montar una tienda online – dependiendo de lo que se quiera vender – puede conllevar muchísimo trabajo, con el estrés añadido que genera crear algo nuevo y desconocido y aprender a manejarlo. Pero es que una tienda online no funciona sola aunque te cuenten que “montar una tienda online es la mejor manera de vender cómodamente tus productos sin moverte de casa”. El cuento no es tan bonito. Para generar visitas a la web hace falta desplegar una serie de estrategias que combinan distintos medios y canales de comunicación. Requiere de una constancia y de una experiencia que en muchos casos no garantizan el éxito, al menos no a corto plazo. Además, hay una serie de aspectos técnicos y logísticos que se deben tener en cuenta para cuando la web esté ya en funcionamiento. ¿Qué mantenimiento tendrá la web? ¿Cómo harás llegar tus productos al cliente? ¿Cómo gestionarás la contabilidad de este nuevo canal de ventas? ¿Cómo mantendrás el contacto con el cliente una vez está la compra realizada y entregada?

Montar una tienda online es un proceso distinto a montar una tienda física, pero no por eso es menos merecedor de nuestro respeto y sensatez. De la misma manera, montar una página web corporativa o gestionar las redes sociales no debería ser algo que las empresas tomen a la ligera. Pero como decía antes, las promesas que nos hacen los que nos cuentan fórmulas mágicas para captar más clientes con esta o aquella herramienta, son muy tentadoras. ¿Quién no se ha creado un perfil en Facebook (mejor aún si es una página de empresa) animado por un taller de un par de horas en el que un experto le contaba las bondades de usar Facebook para dar más visibilidad su negocio y comunicarse con sus clientes? Me he encontrado más de una página corporativa en Facebook que un día se creó y ahí se quedó.

 

¿Y QUÉ PUEDES HACER?

Es normal que nos seduzcan ideas como “generar más ingresos”, “vivir la vida de tus sueños gracias a una sencilla herramienta” o “recuperar el control de tu tiempo para sentirte más libre”. Pero tenemos que ser realistas: todo requiere esfuerzo y una inversión determinada, siempre de tiempo, energía y dinero.

Debemos informarnos bien antes de tomar decisiones que pueden suponer un cambio en el funcionamiento e incluso la estructura de nuestra empresa. El mundo es cada día un poco más complejo que el día anterior, por lo que siempre van a aparecer herramientas que busquen simplificarnos la vida. Pero no podemos caer en el círculo vicioso de usar herramientas que gestionen herramientas que supuestamente en su momento nacieron para hacernos nuestro día a día más sencillo.

Para poder decidir, considero que es necesario aprender. Debemos informarnos, como decía, y una vez tengamos una lista de prioridades, creo conveniente liarnos la manta a la cabeza y aprender a manejar las herramientas que más nos interesen. De esta manera sabremos en qué consiste el trabajo, por lo que podrás delegarlo si no puedes asumirlo tú y sabrás valorar los resultados del profesional que trabaje para ti.

Si no tienes tiempo para aprender (cosa muy probable si ya tienes un negocio funcionando), mi recomendación es que acudas a un especialista. Cuando te duele la garganta vas al médico, ¿por qué no dejarte diagnosticar y “tratar” por un profesional cuando lo que está en juego es algo tan importante como el sustento de tu familia?

Si acudes a un buen profesional, estudiará tu caso y te dirá honestamente qué puedes hacer para mejorar y qué no debes tomar para no ponerte más enfermo aún. Al fin y al cabo, lo que el médico busca es que el paciente sobreviva y pueda seguir viéndole, sano y a salvo, a lo largo del tiempo.

 

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Hasta la semana que viene.

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