Innova haciendo tu propio pan
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17 ene Innova haciendo tu propio pan

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Conocer bien el proceso y los elementos que en él intervienen es necesario para introducir tu innovación

Comencemos con la pregunta que os ronda por la cabeza ahora mismo: “¿Acaso se puede innovar haciendo pan?”. Bueno, a ver qué opináis vosotr@s después de leer este post…

Lo maravilloso de aprender una nueva habilidad -a parte de saciar la curiosidad, que en mi caso, no entiende de límites- es el hecho de conocer de primera mano el proceso que hace falta seguir hasta conseguir un resultado, un producto final, lo que en la jerga de la gestión de proyectos se denomina “output“.

Nuestra naturaleza impaciente nos lleva a apreciar con pereza y recelo ese momento en el que comenzamos a plantearnos si deberíamos aprender algo nuevo que nos llama la atención o nos es necesario para nuestro trabajo o nuestra supervivencia más básica (como puede ser el caso de saber cómo freír un huevo, por ejemplo). Nosotras/os queremos saber YA hacer lo que nos proponemos aprender, no tenemos tiempo que perder en la tradicional metodología de “ensayo-error”, y además, nos solemos sentir estúpidos cada vez que nos equivocamos. ¡Ya estamos muy mayores para aprender cosas nuevas!, ¿verdad?

El no aprender cosas nuevas cada día lo que consigue, precisamente, es que nuestra mente envejezca antes de tiempo. ¡Hay que ejercitar las neuronas, señores/as! Cuando cometemos un error deberíamos sentirnos afortunados, porque es lo que nos llevará a descubrir la manera más adecuada de hacer lo que tengamos entre manos obteniendo un resultado satisfactorio.

Pues bien, vayamos a lo que tenemos aquí hoy entre manos: mi delicioso y genuino pan (no lo digo yo, lo dicen todos/as aquellos/as que lo han probado). En este caso, saber hacer pan no sólo alimenta la curiosidad, ¡si no que me proporciona los mejores desayunos del mundo! Pero mis primeros panes no tenían esta pinta, os lo aseguro. Cuando decidí que quería hacer mi propio pan, me hice con todas las recetas que encontré. Fui probándolas y descartando. No conseguía el resultado que yo esperaba. Hasta que comencé a comprender las proporciones que debía seguir con los ingredientes. Ahí empezó mi innovación.

Como bien sabéis, en el proceso intervienen varios elementos fundamentales:

  • Los ingredientes: harina, agua, levadura, sal y los complementos que prefieras (semillas, frutos secos, aceite, especias, etc.);
  • El tiempo: de reposo de la masa para que fermente la levadura y el de cocción;
  • La temperatura: tanto de los ingredientes a la hora de mezclarlos como durante la cocción;
  • El orden de los factores: en este caso, ¡sí altera el producto!

Como en toda innovación, una vez que conoces el proceso y los elementos que forman parte de él, puedes comenzar a introducir pequeños cambios. Puedes probar distintos ingredientes que le pongan un punto de sabor; puedes probar a ponerle un poco más de agua o de harina, o mezclar distintos tipos de harina; descubrir nuevas formas de deshacer la levadura (fresca, por favor) en la mezcla para que haga bien su trabajo; jugar con los tiempos de cocción y la temperatura; etc. Es cuestión de querer divertirse y, sobre todo, descubrir cómo quedará (y sabrá) tu experimento. La innovación se encuentra en todas partes, ¡y a veces incluso puede ser deliciosa!

Así pues, ¿cuál será tu siguiente innovación?

NOTA: Si consigues tu pan perfecto, apunta bien la receta y dásela sólo a quien se lo merezca de verdad…
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